Entrevista a María J. Polanco

Julio 2010

En el centro de les Gavarres, últimas estribaciones de la cordillera litoral catalana, se encuentra el municipio de Monells, Cruïlles i Sant Sadurní de l’Heura. Se trata de un paraje muy especial, unas montañas en las que Josep Pla veía formas “elefantíacas” pobladas de un bosque típicamente mediterráneo, donde encontramos alcornoques (explotados en la tradicional y artesana industria del corcho) y encinas egregias que resplandecen entre un cielo purísimo y un suelo poblado de matorral y pinos jóvenes.

Al abrigo de dos colinas de ese bosque, en un soto recóndito y silencioso aparecen los viñedos de la finca Sota els Àngels, debajo de la montaña de la que tomará el nombre la bodega y su excelente vino tinto (elogiado por los enólogos más conspicuos).

Ocho hectáreas de un verde frondoso, de una cepas bellas que despiertan con aires de vergel, gracias a las virtudes de la agricultura biodinámica que sus dueños y un equipo de enólogos practican con devoción y mimo. Un lugar de culto, un espacio lleno de alma y saber antiguo.

María Jesús de Polanco y su esposo Guy Jones dejan sus quehaceres de viticultores para atendernos. Guy nos introduce en los enigmas de la agricultura biodinámica, una forma de cultivo que procede de las teorías de Rudolf Steiner, un filósofo austriaco, seguidor de Goethe y por consiguiente defensor del pensamiento como un área del conocimiento equiparable a los sentidos.

Aplicadas a la agricultura, sus ideas (que hoy se extienden en gran parte de granjas de la India, en EEUU o Australia) se basan en un sistema ecológico sostenible, a pesar de que sus teorías son anteriores a la aparición del término ecológico.

Aspectos como plantar siguiendo los patrones de movimiento de la luna y los planetas, así como abonar la tierra con materiales naturales (basados en hierbas medicinales propias de la zona y estiércol) preparados de manera científica, son algunas de las claves para que estos viñedos produzcan una cosecha digna de las bodegas de más solera.

M Jesús se sienta en un porche improvisado junto a la vieja masía catalana que están restaurando devolviendo la grandeza de la arquitectura popular a través de la recuperación de elementos prácticos, sobrios como unos “badius” (arcos de ladrillo dispuesto en forma de libro) y la estructura propia de las casas rurales del Baix Empordà.

El paseo por las viñas nos ha acalorado de modo que frente a las viejas encinas, como si el tiempo se hubiera detenido, aún se aprecia lo más acogedoramente bello del atardecer ampurdanés.

 

¿Cómo una fotógrafa y periodista madrileña llega hasta aquí y se dedica a hacer vino?

Pues mira, después de una época estresante de trabajo en periodismo notaba que necesitaba otra cosa, algo así como la necesidad de expresarme de forma distinta y decidí ir a estudiar fotografía a EEUU. Después del curso me metí en el mundo de la producción cinematográfica, y a pesar de que conseguí junto con otras personas mover el proyecto de “Too much” que lanzó a Banderas en Hollywood, me di cuenta de que aquello seguía siendo una locura: trabajo, trabajo y trabajo sin apenas tiempo para buscar lo que sentía necesidad de expresar. Algunos años más tarde acudí como madrina al bautizo del hijo de una de mis mejores amigas que vine en Londres y allí conocí al padrino del bebé que no es otro que Guy.

 

¿Qué romántico, estabais predestinados?

Bueno, creo que las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir, me fui a EEUU para hacer un curso y allí encontré el resto de mi vida, nos trasladamos a vivir al norte de Gales lugar de origen de Guy. Pero Inglaterra resultó ser muy rígida para mí, no conseguía adaptarme a una sociedad tan tradicional, cerrada, así que buscamos un sitio para empezar una nueva vida juntos, ya teníamos a nuestro hijo, así que necesitábamos echar raíces.

 

¿Y desde el Norte de Gales cómo se llega a una masía en “les Gavarres”?

La verdad es que primero miramos por Mallorca, pero no surgió nada que nos llamara poderosamente la atención, en cambio esta casa fue la primera que vimos en el “Empordà” y a pesar de que buscamos más, nada nos parecía comparable a esto; habíamos encontrado el lugar en esta maravilla y nos metimos de lleno en el proyecto de las viñas y la bodega. Es curioso, tanto de aquí para allá y jamás en mi vida he echado tantas raíces como en este lugar.

 

Vuestro vino ha tenido unas críticas excelentes de sommeliers tan reconocidos como Josep Roca de “El Celler de Can Roca” ¿cómo lo habéis conseguido en tan poco tiempo?

Porque creemos en lo que hacemos, estamos convencido que la conexión con la naturaleza y el conocimiento de uno mismo son la base de la creatividad para elaborar buenos productos, por eso implantamos la viticultura biodinámica, porque no se trata sólo de hacer vino, es una forma de vivir en comunicación con el entorno y con tu propia intuición, el alma que vive en nuestro interior y que nos ayuda a estar bien con nosotros mismos y con todo aquello que hacemos.

 

Suena muy “zen”

(Se ríe) Sí, sí, me apasiona el conocimiento de uno mismo, el equilibrio, crear lugares de encuentro… no sé si te has fijado en la sala de catas que hemos rehabilitado junto a las bodegas; pues bien es espacio al que denominamos Almazen, y esta “z” no es en balde, precisamente se trata de lograr un espacio para el encuentro, con personas distintas, procedentes de cualquier parte del mundo, ó de aquí al lado, pero que sientan esta necesidad de compartir con la naturaleza esa totalidad que emana de ella y que nos hace sentir verdaderamente libres

 

¿Influye esto en la calidad de vuestros vinos?

Creo que todo está relacionado, pero concretamente en la elaboración de nuestros vinos Sota els Àngels, es fundamental esa búsqueda del equilibrio con la naturaleza, un reto constante, una manera de vivir que crece con nosotros día a día.

Por ejemplo vaporizamos la viña con preparados a base de hierbas medicinales y agua del lluvia al amanecer cuando la planta puede beneficiarse más; tanto las podas como los trasiegos del vino se hacen en días determinados según los ciclos de la luna; paseamos continuamente entre las vides observando su estado, alertas a cualquier señal que nos avise de alguna necesidad de actuar, como puedes ver necesitamos estar en contacto con las plantas.

 

¿Esta singularidad se lleva a cabo durante todo el proceso de elaboración?

También la recolección de la uva es totalmente manual y usamos cajas pequeñas, de unos quince kilos. Para que el fruto llegue a la bodega en las mejores condiciones y después una última revisión en la cinta, para que no haya ninguna fruta estropeada.

De ahí va a las tinas de vinificación, estas son como las de cualquier cava. Aunque el edificio es muy sencillo, está diseñado para que el vino baje por decantación hasta las cuvas de roble de la sala de barricas. En esta sala, bajo tierra, la temperatura se mantiene naturalmente todo el año entre 13 y 15 grados.

 

¿Qué tipo de uva usáis? ¿Alguna especie que se distinga de las demás?

Para el vino tinto hemos plantado merlot, syrah, cabernet sauvignon, samsó y carmenere; esta última fue en Chile donde se redescubrió. Era una especie que había desaparecido en Europa a causa de la filoxera del s.XIX, no es frecuente. En total, cinco especies para el vino tinto; para el blanco usamos viognier y picapoll.

 

¿Es rentable conseguir un vino de calidad con una elaboración tan minuciosa en los tiempos que corren?

Basamos todo nuestro esfuerzo en lograrlo, de momento la inversión ha sido satisfactoria en cuanto a las críticas que hemos recibido de los expertos pero naturalmente esperamos vivir de esto, hemos conseguido llegar hasta aquí con nuestras últimas reservas, a partir de ahora el vino tiene la palabra.

 

¿Cómo se define esta palabra en cifras?

La primera cosecha fue la del año 2007 que se comercializó en 2009, en total produjimos 6000 botellas de vino tinto y 1500 de blanco; la segunda cosecha, del 2008 nos ha dado 7000 botellas de tinto y 2000 de blanco. Como ves producimos muy pocas botellas, el vino está muy seleccionado.

 

¿Por qué lo habéis llamado Sota els Àngels?

Porque estamos bajo la montaña dels Àngels que es un sitio muy mágico y nos encanta. Pensamos que era el nombre idóneo para este vino que es un poco francés, muy elegante… ahora también produciremos otro vino distinto al que llamaremos Desea, tiene una producción menos laboriosa que Sota els Àngels de modo que también saldrá a un precio más económico, a lo que no renunciaremos es a la calidad y a nuestro viñedo natural.

Mientras charlábamos Guy ha ido al colegio a recoger al hijo de ambos, un muchacho rubio que se desenvuelve con naturalidad en tres lenguas y juega entusiasmado con los perros de la casa quienes a su vez conviven amistosamente con un cachorro de gato que Guy recibió como regalo de su hijo. Si el vino es la bebida de los dioses, desde luego en este paraíso encontrarán su bodega.

 

Revista S’Agaró Magazine N02 | Verano 2010